En México, aves de corral es el nombre que se da a las especies de aves domesticadas que se crían principalmente para producir carne o huevos, y en menor medida, plumas o subproductos. Las más comunes son las gallinas, los pollos de engorda, los guajolotes (o pavos), los patos y, en algunas regiones, gansos o codornices.
El término no describe una especie en particular, sino un sistema de crianza: animales mantenidos en corrales, patios o instalaciones especiales, ya sea a pequeña escala (en traspatio) o en grandes granjas industriales. En México, esta categoría está profundamente ligada tanto a la economía rural como a la industria alimentaria moderna:
- En el campo, las aves de corral han sido históricamente una “caja de ahorros con plumas”: se venden, se comen o se intercambian según la necesidad.
- En la industria, representan uno de los sectores más fuertes de la ganadería nacional. México es líder mundial en consumo de huevo y uno de los principales productores de carne de pollo en América Latina.
La noción, sin embargo, es más cultural que técnica. Para un campesino o una familia en un barrio rural, “aves de corral” evoca el gallinero junto a la casa, el canto del gallo al amanecer y el olor a maíz molido. Para un manual de producción agroindustrial, significa unidades de engorda, control de temperatura, alimentación balanceada y eficiencia por kilogramo producido.
En resumen, en México las aves de corral son tanto un patrimonio culinario y cultural como un pilar económico. Pueden ser símbolo de autosuficiencia doméstica… o engranaje de una maquinaria agroindustrial que produce millones de toneladas de alimento cada año.